El comprador de vuelos del siglo XXI
Sobre los precios de los vuelos en la actualidad se dicen muchas cosas, y, por cierto, gran parte de ellas inexactas.
Hace días, al leer el artículo de un medio de comunicación sobre este tema, me impresionó la ligereza y el desconocimiento con que se tratan algunos aspectos, seguramente porque se escribe sólo de oídas, sin reflexión ni análisis alguno sobre lo que se está diciendo.
Cuando la mayoría de asociaciones de consumidores han denunciado a muchas aerolíneas porque en su lucha por dar apariencia de precios bajos, han relegado información vital a la letra pequeña del contrato, el autor mantiene que la culpa es de los pasajeros, ineptos consumidores del siglo XXI.
Jamás hubiera pensado que, por ejemplo, los clientes de mi empresa sean los culpables de no saber como funcionan los productos que les vendo, ni que los lectores de los medios de comunicación sean los culpables de no entender algunas noticias que se publican.
Pues sí, ya lo ven, así es. Es más, en el artículo se pontifica la solución: en los colegios debe enseñarse a los alumnos a comprar vuelos baratos.
Y el autor, tras proferir semejante especie, se ha quedado tan fresco.
Para él, una buena clase después de Matemáticas sobre cómo viajar en el siglo XXI resolverá en el futuro el problema de las reclamaciones al embarcar y las absurdas colas en los aeropuertos.
No conforme con incluir estos doctos consejos en su artículo, suelta otra magnífica perla como quien acaba de hacer el descubrimiento del siglo: para comprar vuelos baratos es necesario conocer como funciona un ordenador y el lenguaje que utiliza.
Ignoraba por completo que las computadoras utilizasen lenguaje alguno para comunicarse con nosotros; hasta ahora, en mi ignorancia, pensaba que el lenguaje sólo era usado por los humanos para comunicarnos entre sí.
Además, fíjense que también dice que es necesario conocer como funciona un ordenador; en esto creo que tiene razón, ahora caigo en que sin duda son mis conocimientos profesionales de ordenadores los que me facilitan tanto la tarea de saber cómo comprar vuelos baratos. ¡Acabáramos, pues!
Y, finalmente, para completar su artículo, nos dice que los vuelos han bajado dramáticamente (creo que sí se lo cree), cuando en realidad lo que ocurre es que se han creado algunos nuevos productos con menos servicios y de menor costo.
Podríamos decir que hubieran bajado, si los vuelos de las aerolíneas tradicionales con todos los servicios que incluían ahora tuvieran un precio más bajo, pero nos encontramos ante vuelos a los que se ha desprovisto, vía desglose de tarifas, de varios servicios, algunos imprescindibles, y otros muy necesarios, como el de llevar equipaje o pagar con tarjeta de crédito.
Lo que tenemos son productos distintos y, por tanto, de distinto precio, que es como si en un principio sólo se hubieran vendido coches de lujo y luego, cuando apareció el utilitario alguien hubiera exclamado: ¡hombre, ahora sí que los coches de lujo han bajado de precio dramáticamente!
Nosotros estamos muy a favor de las aerolíneas low cost y de los vuelos baratos, desprovistos de servicios poco necesarios para aquellos que deseamos viajar austeramente, pero explicando los recargos claramente, sin hacer desgloses innecesarios que sólo sirven para confundir al consumidor.
Estos productos tienen muy buena acogida, y es el camino a seguir, pero dudo que el hecho de coleccionar clientes enojados o descontentos reditúe en beneficio de las aerolíneas.
Como tampoco lo hace con el autor del artículo el paternalismo condescendiente con el que éste regaña a sus hijitos-lectores por no ser expertos compradores del siglo XXI.
Con el tiempo, los procedimientos de las compañías aéreas serán más refinados y los artículos de los medios más acertados, y si no pues como dice el autor: ¡todos a aprender al colegio!

