Comprar Vuelos Baratos – Opinión

Aeropuertos regionales, aerolíneas «low cost» y vuelos baratos

Viernes, 4 de diciembre de 2009
Por Eladio García

Aeropuerto de BurgosLa cultura de los vuelos baratos o vuelos «low cost», establecida en los pasajeros desde hace algún tiempo, se perfila ahora como la solución más eficaz para seguir viajando en estos tiempos en que los bolsillos de los consumidores se encuentran todavía afectados por la crisis económica, de la que apenas ahora parece que podemos empezar a salir.

Las aerolíneas «low cost» como Ryanair, easyJet, etc., han demostrado que su modelo de negocio va viento en popa, al menos de momento, ya que mientras que la mayoría de las compañías aéreas tradicionales han experimentado pérdidas en el último ejercicio, las «low cost» se sitúan en el cómodo campo de los beneficios, o al menos las pérdidas que han sufrido son mínimas.

Así, por ejemplo, easyJet ha publicado un beneficio de 58,5 millones de euros, cerrando su ejercicio fiscal con unos ingresos de 2,856 millones de euros, lo que supone un 12,9% más con respecto al año anterior.

Los precios de los vuelos de las «low cost» son, en general, objetivamente algo más bajos que los precios de las aerolíneas tradicionales, pero no en todos los destinos ni en todos los momentos del período de compra.

La realidad es que una mayoría de pasajeros podrán comprar su vuelo por un precio algo menor que en una aerolínea tradicional, aunque una cantidad de ellos no despreciable lo harán por un precio igual o más caro, y unos pocos, los menos, por un precio significativamente menor.

Esta estrategia refuerza la imagen de aerolínea de vuelos baratos de la «low cost», sin que sus beneficios finalmente se aparten demasiado de los que hubiera obtenido vendiendo sus vuelos a un precio similar al de sus competidoras tradicionales.

La imagen de vender vuelos baratos es fundamental por varios motivos, por lo que se apoyan incluso en los elementos de propaganda directa que les hacen los pasajeros que obtuvieron un vuelo muy barato.

Téngase en cuenta que mientras que un pasajero que consiguió un vuelo por un precio muy bajo estará encantado de comentárselo a sus amistades y conocidos, aquél que no logró un buen precio lo achacará a su falta de habilidad y no mostrará mucha tendencia a contárselo a los demás.

No hay que olvidar que incluso algunos medios de comunicación achacan a los pasajeros su falta de conocimientos para conseguir vuelos baratos, que, en el fondo, nos es sino propaganda de las «low cost» difrazada de artículo noticiable.

Las «low cost», además, operan en aeropuertos secundarios o regionales, que suelen tener unos menores costos operativos que los aeropuertos de gran tráfico o principales.

Esto tiene ventajas para las aerolíneas «low cost», ya que por una parte ahorran dinero, beneficiándose de los menores costos aeroportuarios, y, por otra, perciben ayudas indirectas de los gobiernos regionales donde se establecen a cambio de abrir rutas que sirvan para desarrollar el sector turístico de esas regiones.

De esta forma, las aerolíneas pueden situarse en la zona de los beneficios económicos y vender vuelos más baratos que las tradicionales, captando clientes de éstas, aumentando su mercado y reforzando su imagen de compañía de vuelos baratos.

Aunque las subvenciones directas no están permitidas por la ley, son concedidas en forma de los llamados «convenios de promoción turística», y considerando que en España cada una de sus comunidades está interesada en promocionar el turismo regional, el precio del «convenio», actualmente de más de medio millón de euros por destino, cada vez tiene que ser mayor si queremos que una aerolínea «low cost» abra nuevas rutas en nuestro territorio.

A las aerolíneas «low cost», como empresas al fin y al cabo, no les importa de donde proviene el dinero que ingresan en sus arcas mientras obtengan beneficios, de forma que si lo recaudado por el pasaje más lo ingresado por los «convenios» ya los produce, el negocio puede seguir creciendo y desarrollándose.

Esto es bueno para las aerolíneas «low cost» que obtienen ganancias mientras las demás registran pérdidas, para los pasajeros que pueden comprar sus vuelos cada vez más baratos, y para los diversos gobiernos autonómicos que pueden atraer más visitantes y turistas hacia sus regiones.

Sin duda es una elegante solución a lo que parecería ser la cuadratura del círculo, es decir, vender vuelos baratos, ganar dinero, promocionar el turismo y todos tan contentos.

Presumimos que tan atractivo modelo atraerá a más actores al mismo; ya Iberia ha declarado que creará una filial «low cost» para lidiar con las ya operantes en España, y ese camino tendrán que seguir también otras compañías.

No estamos en contra del modelo mientras resulte beneficioso para el pasajero y pueda comprar sus vuelos cada vez más baratos, al mismo tiempo que se fomenta el turismo en España, pero tratándose de dinero público que indirectamente llega a las aerolíneas para la promoción regional, deberá establecerse un buen sistema de control y resultados, no vaya a ser que ese dinero pase a engrosar directamente los beneficios de las compañías aéreas y los pasajeros sigan comprando vuelos caros con apariencia de baratos.

Claro que usted me dirá, y tendrá razón, que para qué preocuparse por eso, si ya en alguna ocasión nos han dicho desde el Gobierno que el dinero de los impuestos, realmente… ¡no es de nadie!


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