El incidente del vuelo a Detroit desata la paranoia
Nadie duda que la seguridad en los vuelos es fundamental, ya que si quienes viajamos tuviéramos la percepción clara de que es probable que durante el vuelo muriéramos todos fulminados por un atentado suicida, el desastre para el turismo, para los negocios y, en general, para la sociedad, estaría servido.
A pesar de que aún hoy muchos países dicen que las estrictas medidas de seguridad que, por ejemplo, se siguen en los países de la Unión Europea son suficientes para evitar este tipo de sucesos, no parece que esto sea realmente así, como quedó demostrado cuando el nigeriano del vuelo de Ámsterdam a Detroit consiguió burlar la vigilancia y subir a bordo del avión con los materiales explosivos que pudieron haber causado una verdadera catástrofe.
Si ahora no estamos, afortunadamente, lamentando la pérdida de esas vidas fue porque el azar ayudó in extremis a evitar la desgracia, no porque las medidas implantadas por la Unión Europea tuvieran eficacia alguna para evitarlo.
Es decir, que a pesar de los mensajes de los gobiernos europeos en un sentido tranquilizador y haciéndonos ver que las medidas empleadas actualmente son eficaces, lo cierto es que la seguridad no es buena y debe mejorarse.
Ahora bien, la cuestión es determinar qué métodos serán mejores para hacerlo, ya que debe compatibilizarse la mayor seguridad con la menor intromisión en la esfera privada de los pasajeros, teniendo en cuenta que la práctica totalidad de los mismos no son peligrosos atacantes con perversas intenciones.
Los incidentes en los aviones de esta semana en Estados Unidos demuestran que la paranoia está haciendo mella tanto en agentes de seguridad como en el personal de los aeropuertos, e incluso en algunos pasajeros.
Detener a un inocente jardinero que transportaba miel que un familiar le había regalado, pensando que el alimento era un potente explosivo, o desalojar una terminal de aeropuerto, retrasando los vuelos durante horas, porque un hombre abrace a una mujer para despedirse de ella en una zona de seguridad, son indicativos de que las nuevas ideas para hacer más seguros los vuelos sin causar más molestias a los pasajeros brillan por su ausencia.
Se impone el sentido común y la utilización de técnicas más avanzadas e ideas nuevas que permitan reforzar la seguridad de los vuelos y salvaguardar el derecho que las personas tenemos a ser tratadas con respeto, sin menoscabar nuestra dignidad.
Todo lo demás que estamos viendo estos días, exacerbando la vigilancia con las normas actuales que se probaron poco eficaces, no desanimará a futuros atacantes, pero sí la dignidad de los pasajeros se verá muy afectada.
Y la obligación de los gobiernos es procurar ambas cosas: garantizar la mejor seguridad y la mejor protección de la dignidad de las personas.
Si no se consigue, y sólo se refuerzan las medidas de seguridad existentes, podría llegar un momento en que irse de vacaciones con la familia en avión se convertirá en la peor de las pesadillas.
