El precio de los vuelos baratos ha muerto
El éxito que ha tenido Ryanair como aerolínea de vuelos baratos ha alentado al resto de compañía aéreas, que tradicionalmente no estaban incluidas dentro de este concepto, a poner en marcha mecanismos de actuación para seguir sus pasos.
La sangría de pasajeros que a raíz de la crisis económica empezaron a sufrir las aerolíneas tradicionales, alertó a éstas sobre la necesidad de reconvertirse en aerolíneas de vuelos baratos, o por lo menos más baratos que los que ofrecían hasta entonces, bien fuera creando filiales ya nacidas como low cost, u ofreciendo ellas mismas diferentes tarifas convirtiendo en opcional, por la vía de urgencia, aquellos servicios adicionales que hasta ese momento habían estado incluidos en el precio del vuelo.
Ya hace meses, antes de finales del año pasado, había comentado que el desglose de tarifas era la vía más efectiva para que el usuario pagara un vuelo a precio normal o incluso caro creyendo que compraba un vuelo barato, pues, al fin y a la postre, lo que importa son dos conceptos fundamentales: que la aerolínea mantenga o aumente sus ingresos y que el usuario quede conforme con su compra.
Ahora, con el transcurso de los meses, la idea se ha generalizado, hasta el punto de que son ya raras las aerolíneas que no cobran por facturar la segunda maleta, incluso si el peso de las mismas, en conjunto, no excede del peso máximo autorizado para transportar con el billete adquirido.
Así lo hace ya Iberia y la práctica mayoría de las aerolíneas que no estaban consideradas estrictamente low cost, como Ryanair, que ya no sólo cobra recargos por facturar la primera maleta, sino por pagar con tarjeta, por gestión al reservar y un largo etc., que el cliente tendrá que leer en la letra pequeña del contrato de transporte de este tipo de aerolíneas si no quiere que su vuelo low cost se convierta por arte de magia en un vuelo high cost.
A lo largo de 2010, es de suponer que tal práctica se generalizará hasta el punto de que el precio del billete para cortos y medios recorridos será prácticamente irrelevante, ya que los recargos ya han sido estudiados para que incurran en ellos el número de pasajeros estadísticamente necesarios para mantener la rentabilidad de la operación y mejorar los ingresos, en tanto que el número de pasajeros residual que pueda viajar con un vuelo realmente low cost será mínimo, aunque necesario, por otra parte, para mantener publicitariamente la idea de que la aerolínea ofrece vuelos baratos y es, por tanto, una aerolínea low cost.
Ahora mismo las aerolíneas ofrecen, por ejemplo, un vuelo a París desde Madrid por 37 euros, ida y vuelta con las tasas incluidas, un vuelo barato sin duda, así que el cliente visualizará este precio como el que pagará por su viaje.
Ahora bien, como la aerolínea le cobrará, tanto en su sitio web, como en el de cualquier otra agencia online que los venda, 10 euros por los gastos de gestión y otros 10 euros por pagar con tarjeta de crédito, más 30 por facturar la primera maleta, ya el vuelo saldrá a nuestro pasajero por 87 euros, eso si el cliente se imprime su tarjeta de embarque y hace la facturación online, porque si lo hace en el aeropuerto el vuelo finalmente le supondrá de 100 a 130 euros, es decir, un precio ya no tan barato.
De este modo, la gran mayoría de los pasajeros pagarán por este vuelo de 37 euros, de 90 a 120 euros, o sea entre dos y tres veces más que el precio anunciado.
Esto ya lo hacen las compañías aéreas en Estados Unidos, cuyos responsables han declarado que gracias a lo que ingresan ahora por estos extras y olvidos de los pasajeros sus ingresos han aumentado notablemente, lo que les permite disminuir las graves pérdidas que aún muchas aerolíneas están sufriendo.
Visto el éxito del desglose de tarifas, este año asistiremos a un refinamiento de la técnica, donde surgirán innumerables opciones, de forma que puedan ofrecerse vuelos digamos por 2 euros, siempre que se consiga en razón de las opciones bien estudiadas que el 95% de los pasajeros requieran una o varias de ellas, con lo cual se llegará a vender vuelos very low cost a un precio normal o algo superior al de años anteriores.
Y es que a las aerolíneas igual les da que el ingreso venga vía tarifas o vía extras, mientras que el mismo sea suficiente para obtener beneficios.
Al final, el que paga es el cliente, pero no es lo mismo que éste tenga la sensación de que está comprando un vuelo caro, que le deja mal sabor de boca, que piense que compra un vuelo superbarato a base de obtener una tarifa mínima y la posibilidad de elegir las opciones y extras que desee.
Y es que así el pasajero tiene la sensación de que él compra un vuelo barato y luego paga por lo que necesite, aunque eso sea lo que la compañía aérea diga que necesita para así mantener su nivel de ingresos y beneficios.
Por eso podemos decir que el precio de los vuelos ha muerto; ahora lo que cuenta son las opciones, aunque eso sí: usted tendrá que elegir necesariamente las opciones y extras que harán que pague por su vuelo el precio normal de toda la vida.
Aunque si este panorama le parece sombrío, no se apure: siempre tendrá la probabilidad de obtener un asiento publicitario digamos que por unos 5 euros, aunque ésta sólo sea un poco superior a la de que le toque a usted mañana el primer premio de la lotería.






